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Periodismo Ambiental

Por un nuevo periodismo ambiental en la zona fronteriza
Por Ron Mader

Cuando deciden cubrir la frontera entre México y Estados Unidos, la mayoría de los medios de ambos países presenta la zona como si existiera una línea claramente trazada que divide a los temas y los coloca ya sea del lado estadounidense o del lado mexicano. Pero la realidad es que la zona fronteriza amalgama culturas, políticas y condiciones ambientales.

Los asuntos relacionados con la biodiversidad, la contaminación atmosférica y el agua no se detienen ante frontera alguna. Los periodistas que identifican los éxitos o fracasos de las políticas de cooperación transfronteriza, ofrecen a los lectores perspectivas muy agudas sobre el manejo ambiental o sobre las estrategias de desarrollo.

Sin embargo, la triste realidad es que la cobertura de la frontera no es una prioridad para la mayoría de los diarios, y lo es menos todavía la cobertura ambiental. Los reporteros que quieren ver su trabajo publicado buscan las historias más sensacionalistas o se dedican a escribir de otra cosa.

Si deseamos que mejore la cobertura de los temas ambientales de la frontera, y si los editores se niegan a dedicar más espacio a estos temas, es necesario utilizar otros canales de comunicación. Esta idea, la creación de un compendio de reportajes ambientales, será explorada con mayor detalle.

Antecedentes

En 1992 y 1993, durante los debates sobre el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLC), diversas coaliciones de grupos estadounidenses, mexicanos y canadienses libraron duras batallas en las ciudades de Washington y México en torno a las consecuencias que podría tener el acuerdo sobre el ambiente de la zona fronteriza entre México y Estados Unidos. Sin embargo, ahora que el TLC ha entrado en vigor, muchas de las coaliciones binacionales y trinacionales al parecer han agotado su interés (y los recursos financieros que dedican al asunto). Por ejemplo, durante los debates respecto al TLC, la organización ambiental estadunidense Sierra Club criticó la manera en la que el comercio ya tenía un efecto negativo sobre una infraestructura ambiental de por sí dañada. En consecuencia, sus estudios impulsaron las exigencias de crear un fondo ambiental, lo que con el tiempo dio lugar al Banco de Desarrollo de América del Norte (Nadbank, por sus siglas en inglés). Sin embargo, una vez que el Congreso estadounidense aprobó el TLC, el Sierra Club no se quedó a supervisar el manejo ambiental. De hecho, su revisión de las bioregiones de América del Norte ignora casi por completo a México. El club prefirió dedicarse a otra cosa, y en 1994 cabildeó en contra del Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (GATT).

De la misma manera, a partir de 1994 algunos grupos que apoyaron al TLC, tales como el World Wildlife Fund (WWF) y la National Wildlife Federation (NWF), han demostrado poco interés en la frontera. Solamente el Environmental Defense Fund conservó su oficina fronteriza en Texas. ¿Cómo puede explicarse que uno de los temas más importantes del TLC haya desaparecido de la escena en tan solo tres años?

Los grupos ambientales no trabajan en el vacío. Después de muchos años de descuido, la frontera se convirtió en noticia de primera plana en 1992 cuando los medios y el público de Estados Unidos descubrieron a México y a la zona fronteriza. Las visitas de los congresistas a las zonas pobres y a los tiraderos de desechos tóxicos se convirtieron en un plato regular de la dieta periodística estadunidense. Los diarios mexicanos también empezaron a prestar más atención a la frontera. El proceso se alimentaba a sí mismo a medida que los políticos dedicaba más tiempo a esta zona, la prensa incrementaba su cobertura, las fundaciones ofrecían nuevos recursos para investigaciones y proyectos, los grupos ambientales se montaban al carro y la prensa cubría sus esfuerzos. Entre 1992 y 1993 la frontera se convirtió en un tema prioritario. Irónicamente, sin embargo, este ciclo se rompió a partir del 1 de enero de 1994, cuando entró en vigor el TLC.

Cabe destacar que la división más notable entre los grupos ambientales de Estados Unidos surge a raíz de la dicotomía entre lo nacional y lo regional. Para las organizaciones que tienen su sede en la ciudad de Washington, la frontera no era más que otro estudio de caso en el proceso de cambio global del ambiente. Para los grupos que operan en la frontera, ésta era claramente su hogar. Los grupos locales tanto estadounidenses como mexicanos obtuvieron un nuevo reconocimiento por parte de los medios y de los actores gubernamentales.

Después de haber trabajado en un aislamiento parcial, los dirigentes de grupos como el Proyecto de Ecología Fronteriza de Arizona (Arizona's Border Ecology Project) el Comité Ambiental de la Región de San Diego-Tijuana (Environmental Commitee of the San Diego-Tijuana Region) y Bioconservación, del estado de Nuevo León, fueron reconocidos como expertos por la prensa nacional e internacional. Este destello de atención, sin embargo, fue breve. Los medios más grandes volvieron los ojos una vez más a los reportajes de migración y drogas que contribuyen a crear una percepción pública de la frontera que puede ser correcta pero también resulta estereotípica. Es posible que los problemas de infraestructura y los temas de conservación ambiental simplemente no tengan suficiente "gancho", como diría un editor. Y quizás sea imposible combatir la nefasta idea de que la frontera no es más que el borde de dos naciones, lo que la coloca en la periferia de dos culturas y no la hace merecedora de una atención constante.

¿Qué es la frontera?

Puede argumentarse que la definición de la zona fronteriza entre México y Estados Unidos contenida en el Acuerdo de La Paz firmado por ambos países en 1983 -cien kilómetros a ambos lados de la línea divisoria oficial- describe de manera bastante pobre la realidad ambiental, política y cultural de esta región.

Al crear un plan para cartografiar la zona fronteriza mediante un Sistema de Información Geográfica (GIS), los funcionarios tienden a explorar las conexiones naturales y a utilizar las cuencas compartidas de aire y de agua y las especies comunes como las mojoneras para trazar los mapas de este nuevo terreno.

Desafortunadamente existen pocos proyectos para aplicar este ambicioso enfoque binacional y bicostero. La mayoría de las universidades e instituciones de investigación se inclinan por mirar hacia la frontera a través de ventanas aisladas. Lo mismo sucede con los medios. El diario El Paso Times puede hacer reportajes sobre Ciudad Juárez, pero pocas veces se interesa en Brownsville y Matamoros o en San Diego y Tijuana. Su sección sobre la frontera (Across the Borderlands) no cubre México, sino Nuevo México.

Las dependencias estatales como la Comisión para la Conservación de los Recursos Naturales de Texas (Texas Natural Resource Conservation Commission, TNRCC) están autorizadas para trabajar con otros estados que tengan frontera con Texas. Así que mientras desarrollan relaciones y programas de supervisión ambiental transfronteriza con los estados de Tamaulipas y Coahuila, no están trabajando con Baja California. De la misma manera, las universidades estatales tienen vínculos con la zona que las rodea. Y esos vínculos tienen límites razonables. Lo que resulta cuestionable es que se hagan tan poco esfuerzos por abordar la frontera como una entidad con su norte, sur, este y oeste.

A nivel federal, la agenda binacional fue establecida por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (Environmental Protection Agency, EPA) y por la Secretaría del Medio Ambiente de México (primero SEDUE, después SEDESOL y ahora SEMARNAP). Ambas dependencias diseñaron el Plan Ambiental Integrado para la Frontera (Integrated Border Environmental Plan, IBEP) en 1992. El plan destacó por una notable falta de participación de las comunidades fronterizas y fue criticado por grupos de ambos países. El actual plan Frontera 2000 fue uno de los resultados de esos inciertos comienzos. Uno de los planes más tenaces para abordar la frontera es el Proyecto de Inventario de los Recursos Transfronterizos (Transboundary Resource Inventory Project, TRIP). Se trata de una idea propuesta por la Oficina General de Tierras de Texas (General Land Office) y pasará algún tiempo antes de que sepamos si este incipiente convenio entre diez universidades estadunidenses y cuatro mexicanas, junto con el Servicio Geológico de Estados Unidos y el INEGI de México, puede propiciar una alianza exitosa. Pero por el momento se trata del único intento por abordar la frontera común de costa a costa.

En 1994 la Universidad de California publicó Two Eagles: The Natural World of the United States - Mexico Borderlands (Dos águilas: el mundo natural de la zona fronteriza entre México y Estados Unidos), un magnífico libro de Tupper Ansel Blake y Peter Steinhart. Este volumen ilustra tanto la belleza física como las implicaciones políticas de la conservación fronteriza. La investigación fue patrocinada por The Nature Conservancy, un grupo dedicado a la conservación ambiental que tiene proyectos en México y en Estados Unidos pero que no suele discutirlos en público.

Problemas con los medios

La cobertura del medio ambiente fronterizo tradicional presenta varios problemas. En primer lugar, el mercado es pequeño y parece estarse secando. Y el reducido mercado encajona las historias de dos maneras: se están logrando grandes avances, o estamos al borde de una catástrofe. Las revistas "progresistas" publican reportajes sobre barrancas repletas de desechos tóxicos y riesgos para la salud, pero pocas veces incluyen historias positivas. Por otra parte, a las revistas financieras les fascinan las historias alegres sobre maquiladoras.

Los reportajes de los medios principales no son mucho mejores. La frontera parece tan lejana desde las capitales estatales de Austin y Phoenix, por no hablar de Washington y la ciudad de México, que los diarios pocas veces cubren la región, excepto cuando ocurre una crisis.

Las agencias noticiosas parecen más interesadas en el origen de la información, es decir, de qué lado de la frontera proviene. Existe una cobertura mexicana de la frontera y una cobertura estadounidense, y ambas se fraccionan aún más por estados. Las agencias noticiosas no tienen una sección de "frontera", y por lo tanto se hacen pocos intentos por investigar o identificar las tendencias en esa región.

Archivos ambientales de la zona fronteriza

A mediados de 1994 inicié un archivo en línea con los materiales sobre la frontera que había escrito para las publicaciones Mexican Environmental Business, Texas Environmental News y El Financiero International. Como periodista independiente me interesaba dar a conocer mi especialización. Y al subir mis textos a la red me empezaron a llegar preguntas e información que me permitieron iniciar la investigación de nuevos reportajes. También pensé que sería buen karma compartir la información que de otra manera llegaría tan solo a unos cuantos cientos de suscriptores antes de pasar al olvido.

Un año después este archivo se incrementó con bibliografías, listas de contactos y enlaces a las páginas electrónicas de gobiernos, grupos académicos y ambientales e individuos. Este es el material que conforma los archivos ambientales de la zona fronteriza (Border Environmental Archives) los cuales pueden consultarse en la dirección

http://www.greenbuilder.com/mader/ecotravel/border/borderlands.html

Gracias a Bill Christensen, administrador del boletín electrónico Sustainable Sources y de un sitio en la red con sede en Texas, estos servicios son gratuitos para los navegantes de internet.

Creación de un compendio de noticias ambientales de la zona fronteriza

Si queremos ver información más actualizada y con una alta calidad periodística sobre el ambiente de la zona fronteriza, es necesario crear un compendio de noticias ambientales. Deseo hacer hincapié que, en lugar de crear nuevos empleos para otros periodistas, debemos respetar a los que actualmente cubren estos temas.

Es necesario alentar a los medios principales para que publiquen más reportajes ambientales. Y está muy bien crear un un archivo electrónico, pero ello podría conducir a una mayor polarización del tema. Por ello parece más razonable vincular el acceso a internet con el periodismo tradicional.

Un buen modelo a seguir es el servicio de noticias de conservación tropical (Tropical Conservation Newsbureau), el cual además de proporcionar información a través del correo electrónico también ofrece a los diarios seis reportajes cortos o información adicional cada dos meses, por medio del fax, el correo electrónico o las tradicionales hojas de papel. Un proyecto de este tipo que seleccionara los mejores reportajes y pagara una cuota a los diarios y periodistas para reproducirlos, como lo hacen las revistas ReaderÕs Digest y Utne Reader, serviría para promover el periodismo y las investigaciones de calidad que ya se realizan en la zona fronteriza.

Ron Mader es un periodista independiente, autor de una guía ambiental de México (Mexico: Adventures in Nature) que publicará la editorial John Muir Publications en 1998. Es el responsable de los archivos ambientales de la zona fronteriza (Borderland Environmental Archives) que forman parte de una página electrónica sobre viajes y medio ambiente en América latina (Eco Travels in Latin America, http://www.planeta.com ). La dirección electrónica de Ron es ron@greenbuilder.com .

Tranducido por Pedro Enrique Armendares http://www.greenbuilder.com  telnet://fc.greenbuilder.com:3000   modem: 512.462.0633

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