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AMBIENTE, COMUNICACION Y SOCIEDAD

 

Victoriano Garza Almanza, Dr. en C.

Coordinador

Centro de Estudios del Medio Ambiente

Dirección General de Investigación y Posgrado

UACJ

 

Comunicación Ambiental

 

Por muchos años, mi actividad profesional se ha desarrollado en una rama de las ciencias llamada “salud ambiental”.  Este campo del conocimiento se encarga de estudiar los efectos del ambiente sobre la salud humana.  Así de sencilla es la definición de esta disciplina.  Sin embargo, la cosa no es tan simple ya que, como la salud ambiental se compone de elementos de las ciencias de la salud y elementos de las ciencias del ambiente, lo que de aquí emerge es una nueva entidad de carácter interdisciplinario, un híbrido, algo así como una mula de las ciencias.

 

Los salubristas consideran un intruso en su campo al experto de la salud ambiental, pues dicen que esos estudian el ambiente; y los especialistas ambientales –mal llamados ambientalistas- también consideran un intruso al experto en salud ambiental, pues aseguran que el trabajo de estas persona tiene que ver con la salud.

 

Por supuesto que esas actitudes no han propiciado la desaparición de los expertos de la salud ambiental ya que, en realidad, ni los salubristas ni los especialistas ambientales están interesados en plantear los problemas de salud asociados al deterioro ambiental ni en buscarle respuesta a esos problemas.

 

Algo similar sucede con la divulgación ambiental.  Se trata de una especialidad interdisciplinaria donde, por una parte están presentes las ciencias ambientales y, por la otra, las ciencias de la comunicación.  La definición de la divulgación ambiental también es simple, podríamos decir que se trata del arte de explicar y comunicar al público el conocimiento sobre el medio natural y como el hombre lo afecta favorable o desfavorablemente.

 

El divulgador ambiental debe de conocer y manejar algunos elementos de la ciencias ambientales, discernir entre un montón de información cual se refiere al ambiente y cual no, tener criterio para reconocer que tan mucho o poco relevante puede ser esa información, desarrollar capacidad para la investigación y búsqueda de información ambiental por medios electrónicos; debe trasmutar el galimatías técnico a lenguaje coloquial o común, preparar su escrito o video y servirse de instrumentos de comunicación para hacerlo accesible al público.

 

 

 

Necesidad de Divulgación Ambiental

 

Pero, es necesaria la divulgación ambiental?  A quien le puede servir la información ambiental?

 

El ambiente no es sólo el aire contaminado que nos envuelve cuando por la mañana salimos al trabajo; de hecho, salimos de un ambiente intradomiciliar, el hogar, a uno peridomiciliar, la calle; luego, al llegar a la maquila o a la oficina, entramos a otro ambiente, el ocupacional.

 

Pero hay que reconocer que el ambiente lo hace la familia en el hogar, el contratista y sus empleados en el trabajo, y los habitantes de una comunidad en su ciudad; y que, además, ese ambiente que hacemos está directamente relacionado con nuestras posibilidades económicas –como familia, como negocio o como país- y con nuestra cultura ambiental.

 

Cada uno de esos ambientes ofrece diferentes riesgos, pero el riesgo más igualitario es el de la calle, casi el mismo para todos.  Digo “casi el mismo”, porque el que vive en una área verde tiene mejores condiciones que el que reside en el lomerío, o el que trae un automovil con aire acondicionado crea un microambiente propio más favorable que el que anda en una ruta colectiva.  Tampoco es lo  mismo una atmósfera ocupacional al aire libre de un policía fiscal, que todo el día respira el aire de los miles de autos que cruzan los puentes internacionales -reduciendo con ello, presumiblemente, sus expectativas de vida-, que el de un vendedor de jugos bajo los árboles de un parque.  Ni es el mismo tamaño de riesgo el de una familia que en invierno se calienta con calefacción de gas que el de aquella familia que usa braceros para quemar madera y papel y que inunda la vivienda con monóxido de carbono.

 

Pero los riesgos no solamente están en el aire contaminado con los humos de una fábrica de ladrillos, o en las aguas residuales no tratadas generadas por la ciudad y que se usan en campos de cultivo, o en el suelo contaminado con montañas de fluorita; sino que pueden estar en el agua de bebida que obtenmos de la llave, en los alimentos, en los cosméticos para el maquillaje, en los limpiadores, en muchas de las cosas que indolentemente adquirimos y usamos en el hogar o en el trabajo.

 

Frente a este escenario, una persona especializada en la popularización del conocimiento ambiental puede ser una guía que alerte a la comunidad sobre este tipo de riesgos e informe de la manera en que se pueden evitar o reducir.

 

El perfil de comunicador ambiental que estoy presentando es el de un divulgador especializado, digamos, en salud ambiental urbana, porque también la hay rural.  Pero hay muchas otras áreas que se pueden abordar; hay quienes se especializan en temas de conservación, como biodiversidad o bósques; recursos naturales, como protección de acuíferos o ríos; asuntos globales como el cambio climático o los agujeros en la capa de ozono; economía y ambiente, como el impacto de los mercados regionales en los ecosistemas o ecoturismo, y otros muchos temas.

 

 

Medios de Comunicación y Divulgación

 

El pasado miercoles, escuchaba por la radio a un locutor que afirmaba que la ciencia y el ambiente eran temas de dificil manejo para el periodista, tanto por su falta de conocimiento científico como por el lenguaje en que este conocimiento se expresaba.  Que la divulgación de la ciencia y el ambiente deberían de hacerlo los científicos o los expertos.

 

Creo que esa no es la respuesta al problema de la divulgación científica y ambiental en México.  Si no preparamos y formamos comunicólogos o periodistas para que hagan esta labor, puede que el comentarista tenga razón en parte; ahora bien, irán a hacer ese trabajo los investigadores o los expertos? 

 

Por ciertos tabús y reglas de juego –escritas y no escritas- que existen dentro de la comunidad científica mexicana, yo creo que son muy pocos los científicos o estudiosos que se atreven a hacer eso.  Primero, porque consideran que la popularización de la ciencia y el ambiente no es una labor científica; segundo, porque la publicaciones que generen no les redituan puntos a su favor en las evaluaciones del Sistema Nacional de Investigadores.  Es más, la labor de divulgación científica no les reditua profesionalmente en ninguna parte.

 

Lo cierto es que en México se requieren periodistas que se especialicen en alguna de las ciencias –ciencias de la salud, ciencias sociales, ciencias básicas o ciencias ambientales-, y que cubran sus avances y noticias.  O científicos que se interesen y que aprendan a comunicar su conocimiento, y el de otros, de una forma simple.

 

Pero viene la pregunta, les interesa a los medios de comunicación divulgar ciencia o ambiente?

 

Mi experiencia en México es que, como muchos consideran la divulgación científica o ambiental como mera curiosidad -y es que, a decir verdad, los encargados de los medios no han visto, por ejemplo, lo que puede vender una sóla columna dedicada a informar sobre los riesgos existentes en el hogar o en el salón de belleza que usan materiales peligrosos o sobre las sustancias tóxicas usadas en la maquiladora-, entonces no publican esa clase de material.  Y cuando lo publican, el texto sólo les sirve de relleno.  Para colmo, el trabajo del divulgador no se remunera porque, en los medios creen en la gratiudad -inexistente, por cierto- de la divulgación de la ciencia.

 

En Sudamérica, en el periódico nacional ABC Color del Paraguay, el director fue más franco cuando de un organismo internacional les llevamos algunos textos sobre salud ambiental para informar a la comunidad de ciertos riesgos ambientales en la zona.  Párcamente nos dijo: “el espacio nos cuesta mucho y ese tipo de material no vende”.

 

Mientras que no haya audacia en los medios ni se atrevan a participar en una empresa editorial, radial o televisiva, para difundir la ciencia y el ambiente; donde se arriesgue e invierta directamente capital económico en el capital intelectual que posee o sepa manejar esa información,  esta actividad no pasará de ser un mero lujo en algunos periódicos, revistas o programas de radio y televisión.

 

 

Audiencia

 

Protagonista de esta historia, tal vez la más importante, es la audiencia. ¿Interesa el medio ambiente a los lectores, a los radioescuchas o a los telespectadores?

 

La popularización del ambiente puede dirigirse a audiencias de diferentes edades, ocupaciones, ideologías y hasta géneros.

 

El interés de la audiencia puede ser pasivo es decir,  una persona puede leer un texto si se lo encuentra casualmente entre las páginas de un diario.  O puede ser activo, si esta persona busca la revista o el programa en los medios electrónicos por la información ambiental que contiene.

 

Por la poca difusión ambiental en México, podemos suponer que en la mayoría de los medios de comunicación creen que el interés de sus audiencias por la ciencia y el ambiente es inexistente o, a lo sumo, de carácter pasivo.  Sin ninguna duda, los responsables de los medios están decidiendo por la audiencia antes de preguntarle a ella si les interesa o no el tema.

 

 

Divulgación Ambiental en México

 

¿Quienes hacen divulgación ambiental en México?

 

Prácticamente todos los medios dan noticias o cápsulas que podrían ser catalogadas como ecológicas o ambientales, pero la mayoría de ellas se refieren a situaciones o sucesos de interés muchas veces ajenos a nuestra realidad.  Pocos son los que realizan una labor formal de comunicación ambiental, con secciones o programas especializados elaborados con materia prima local o regional.

 

Algunos de los diarios nacionales identificados que, además de buscar y confeccionar notas ecológicas propias realizan difusión ambiental, son: La Jornada, La Crónica, El Economista y El Nacional, entre otros.  En el norte del país destaca El Norte de Monterrey, que tiene alrededor de 10 años realizando periodismo ambiental.  Este es un caso único, pues del éxito de una columna ecológica semanal producida por un universitario, se desarrolló una página hasta convertirse en una sección diaria.

 

 

Formación de Comunicadores Ambientales

 

¿Puede un periodista convertirse en comunicador científico o ambiental?

 

La respuesta a esta pregunta es la respuesta correcta al comentario del comunicólogo mencionado líneas arriba.

 

El problema no es nuevo en absoluto, y países como los Estados Unidos lo resolvieron hace más de setenta años.  ¿Y, como?  Capacitando a los periodistas.

 

Actualmente, en ese país, más de 25 universidades ofrecen desde cursos y talleres hasta licenciaturas o doctorados en comunicación científica, periodismo científico, escritura ambiental, periodismo ambiental, etc., dirigidos a periodistas, investigadores o a personas interesadas que quieran aprender a escribir sobre asuntos de la ciencia y el ambiente, o hacer divulgación.

 

La formación de comunicadores de ciencia y ambiente en EEUU, se da en un marco donde el desarrollo de la ciencia es prioridad nacional, y donde la ciudadanía influye determinantemente en las decisiones sobre el uso del presupuesto federal de la nación.  Por ejemplo, si la sociedad se convence de la bondad de proyectos como la NASA, los fondos seguirán fluyendo al programa; caso contrario, se verá en peligro de cerrar sus puertas, como estuvo a punto de suceder en 1996.

 

En esa época, si ustedes recuerdan, el Presidente Clinton en persona develó información sobre las bacterias marcianas, información que la NASA conocía y poseía desde hacía más de 20 años.  Paralelamente, ese mismo día, se estrenó la película Independence Day.  Estas dos cosas no son casualidades.

 

En pocas semanas, se venció la resistencia en el Congreso y la NASA fue refinanciada para sus proyectos espaciales.

 

Por tal motivo, la difusión de la ciencia, por todos los medios, constituye una tarea más de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), una especie de CONACYT estadounidense, y el conocimiento científico a nivel de divulgación, es un elemento obligado de la información noticiosa cotidiana que recibe la comunidad americana.

 

Además, para cobijar ese quehacer, cuentan con un Consejo para el Avance de la Escritura de la Ciencia; y el gremio está agrupado en una Asociación Nacional de Escritores de Ciencia.  Todo esto descentralizado en secciones regionales.

 

También tienen una Sociedad de Periodismo Ambiental, que promueve el ambiente y la formación de comunicadores.

 

En sí, los medios tienen un nicho especial para este tipo de informadores.

 

En nuestro país, para promover la divulgación y el periodismo científico, existe la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICYT), centralizada en el D.F., cuyos proyectos hacia los estados de la República son pocos; y una Asociación Mexicana de Periodismo Científico (AMPECI), de la cual ignoro si aún existe, pues no pude encontrar antecedentes recientes de ella.

 

En México, al menos en provincia, solo detecté un programa de maestría en comunicación científica, en el ITESO de Guadalajara, y que este mes de mayo da comienzo a sus actividades.

 

 

Formación de Recursos Humanos

 

¿Que podemos hacer para formar comunicólogos ambientales en nuestra región?

 

La iniciativa para el Desarrollo de las Ciencias en Ciudad Juárez que está promoviendo e impulsando la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, junto con otras instituciones académicas, civiles y gubernamentales, tiene planeada, como una más de sus actividades, la realización de un Primer Taller de Periodismo Científico y Ambiental.

 

El propósito básico de este taller es comenzar a trabajar con algún pequeño grupo de comunicologos y universitarios, para fomentar una dimensión ambiental dentro de los propios medios de información, en el seno de los centros de educación superior y, sobre todo, en la comunidad.

 

Ustedes se preguntarán ¿y de que fuentes podrían obtener ellos la información?

 

Esta es una área binacional rica en universidades, en agencias gubernamentales nacionales, binacionales e internacionales que se encargan de los recursos naturales y de la protección ambiental, abundante en grupos ecologistas, e inagotable en problemas de contaminación.

 

No debemos de desestimar la posibilidad de profesionalizar la divulgación científica y ambiental, ni dejar de promover la apertura de espacios en medios impresos y electrónicos de nuestra región.

 

Si en México el desarrollo de la ciencia y el cuidado de nuestro ambiente fueran prioridad nacional, y si las universidades pudieran influir en la sociedad, a traves de la difusión científica y ambiental para mejorar sus presupuestos, creanme que no estaríamos aquí hablando de este tema, pues sería no pan sino tortilla de todos los días.

 

La comunicación de la ciencia y el ambiente es un componente del desarrollo integral de nuestra localidad y del país.

 

Muchas Gracias!!!